6 preguntas que te ayudarán a ajustar tu inversión en equipos audiovisuales

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“Lo barato, en equipamiento audiovisual, puede salirnos caro”

Uno de los “deportes audiovisuales” más extendidos es la caza de lo más barato. Este deporte comenzó a practicarse con el “desembarco chino”, alcanzó su auge en los peores momentos de esta crisis y parece ser que va a extender su práctica hasta el fin de los tiempos.

Todos entendemos y justificamos la diferencia de precio entre un Ferrari y un Seat, cuando los dos son coches, tienen cuatro ruedas,  motor, volante, etc., pero no entendemos de igual manera la diferencia de precio entre dos equipos de igual función (cámara, matriz, conversor, etc.) cuando uno cuesta el doble que el otro. Pensamos: si hacen lo mismo, el más barato es tan válido como el caro y además, el caro es un robo. Pero, ¿estamos seguros de que los dos hacen exactamente lo mismo?

Es cierto que cada equipo tiene su uso y su usuario, al igual que no deberíamos intentar circular a 200Km/h con el Seat (obviando el tema multas), no deberíamos pedir que un equipo de 200€ haga lo mismo y con la misma fiabilidad que uno de 400€.  En este artículo vamos a intentar justificar la elección de uno u otro en función de nuestras necesidades reales.

Para determinar cuáles son estas necesidades os proponemos las preguntas que nos llevaran a la elección correcta.

1ª – ¿Trabajamos en directo o en modo off-line?

Las aplicaciones en vivo o directo son más de las que solemos considerar como tales. La retransmisión a medio mundo de un partido de futbol, con una audiencia de millones de personas es evidentemente un directo, pero la realización de un evento para un gran banco, con una locución de su presidente o la grabación de un lince en Doñana, también lo son. En todos estos casos NO les podemos decir que repitan, este es el elemento diferenciador: no hay toma mala. No le podemos decir a Ronaldo o Messi que den marcha atrás y repitan el gol, o a la presidenta del Banco de Santander que repita el último párrafo de su discurso porque ha fallado el micro o al lince que vuelva a saltar por los arbustos.

2ª – ¿Durante cuánto tiempo continuado debe trabajar el equipo sin fallos?

Esta no es una condición menor. Muchos equipos funcionan bien si se utilizan “un rato”, pero en un uso intensivo, durante horas, comienzan a aparecer problemas. Hay fabricantes que abaratan el precio reduciendo e incluso eliminando los sistemas de refrigeración. Si nuestra aplicación requiere de fiabilidad en el tiempo de uso, debemos recurrir a equipos que nos ofrezcan esa garantía.

3ª – ¿Qué calidad demanda el cliente?

Los clientes demandan calidad en función de lo que pagan y normalmente están dispuestos a pagar poco. La calidad de los equipos que utilizamos y por tanto su coste, normalmente van ligados a la facturación; si bien es cierto que muchos clientes no son capaces de distinguir entre una señal de VGA y una HDMI, deberíamos tener la posibilidad de acometer trabajos en los dos niveles.

La diferencia de precio en este caso suele ir relacionada con los procesos de señal. En el mundo digital que nos movemos, no es lo mismo trabajar con procesos de 8, 10, 12 ó 14 bits. La precisión de los componentes electrónicos marca una diferencia sustancial en el importe de circuitos integrados, resistencias o condensadores. Hay fabricantes que hacen equipos con los restos de serie de determinados componentes, por lo que si intentamos volver a comprar el mismo equipo, es imposible ya que no tiene más chips que los que utilizó para fabricar la serie.

4ª – ¿Dónde se va a utilizar?

No es lo mismo utilizar un equipo en un ambiente controlado, tanto en temperatura como en qué personas tienen acceso a él, que hacerlo en un evento al aire libre con cientos de personas moviéndose a tu alrededor, o por usuarios que no tienen la formación adecuada.

Pongamos algún ejemplo: no deberíamos utilizar la misma mesa de mezclas de audio para un concierto en un recinto ferial que para nuestro estudio de grabación. Salvando las distancias de número y configuración de canales o capacidad de efectos, las mesas de directo están preparadas para un trato más “rudo” y en unas condiciones habitualmente peores, de las que sufre una mesa de estudio y por eso, un fabricante de confianza nos ofrecerá mesas para directo o para estudio, con unas determinadas características electrónicas y “mecánicas” en función de la aplicación.

5ª – ¿Qué pretendemos hacer cuando sufra una avería?

La respuesta no es tan sencilla como parece. Algunos fabricantes de equipos, normalmente de importes relativamente bajos, no tienen prevista la reparación sino la sustitución de los equipos, pero otros fabricantes no tienen previsto nada, solo que cuando se averíe el equipo lo tires. No critico esta alternativa, solo afirmo que es válida para un determinado tipo de equipos y aplicaciones y que además, optar por uno de estos equipos supone asumir un riesgo difícil de calibrar. Todo depende de cuánto necesitamos que nos dure un equipo.

6ª – ¿Quién va a ser el usuario del equipo?

En esta cuestión vamos a incluir tanto a operadores avezados o torpes, a usuarios sin formación técnica y al personal de montaje y desmontaje. Son tres grupos de personas muy dispares, pero todas ellas tienen que ver con la duración de nuestro nuevo equipo. Hay algunos operadores que maltratan más que otros los equipos, hay usuarios de determinados sistemas que opera gente sin formación técnica que torturan a los equipos y hay personal de montaje y desmontaje que rematan la faena con un trabajo que realizan habitualmente a deshora, con poco tiempo y menos medios, lo que origina en algunas ocasiones daños irreparables.

Esperamos que estas 6 preguntas os ayuden a determinar si nuestra próxima compra de equipamiento ha de ser de primera marca y de buena calidad o si por el contrario, de segunda o tercera línea con tal de que funcione, ahora, NO esperes milagros! 

Los técnicos de Avacab intentaremos asesorarte lo mejor posible en función de tus necesidades y presupuesto, ofreciéndote una solución completa que se ajuste a ambos parámetros.

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